<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom">
<channel>
	<atom:link href="https://bibliafeativa.com.br/es/acf/biblerss/rv/44/8?format=raw" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<image>
	  <url>https://bibliafeativa.com.br/media/com_zefaniabible/images/bible_100.jpg</url>
	  <title>RV - Reina Valera (1909)</title>
	  <link>https://bibliafeativa.com.br/es/acf/standard/rv/44-acts/8-chapter?ord=042626</link>
	</image>
	<title>RV - Reina Valera (1909)</title>
	<link>https://bibliafeativa.com.br/es/acf/standard/rv/44-acts/8-chapter?ord=042626</link>
	<generator>Zefania Bible</generator>
	<language>es-es</language>
	<copyright>Bíblia</copyright>
	<description>Hechos capítulo 8</description>
	<item>
		<title>Hechos capítulo 8</title>
		<link>https://bibliafeativa.com.br/es/acf/standard/rv/44-acts/8-chapter?ord=042626</link>
		<guid>https://bibliafeativa.com.br/es/acf/standard/rv/44-acts/8-chapter?ord=042626</guid>
		<pubDate>Sun, 26 Apr 2026 09:04:43 +0000</pubDate>
		<description>
				Y SAULO consentía en su muerte. Y en aquel día se hizo una grande persecución en la iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.
				Y llevaron á enterrar á Esteban varones piadosos, é hicieron gran llanto sobre él.
				Entonces Saulo asolaba la iglesia, entrando por las casas: y trayendo hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel.
				Mas los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la palabra.
				Entonces Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á Cristo.
				Y las gentes escuchaban atentamente unánimes las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.
				Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados:
				Así que había gran gozo en aquella ciudad.
				Y había un hombre llamado Simón, el cual había sido antes mágico en aquella ciudad, y había engañado la gente de Samaria, diciéndose ser algún grande:
				Al cual oían todos atentamente desde al más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es la gran virtud de Dios.
				Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los había embelesado mucho tiempo.
				Mas cuando creyeron á Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.
				El mismo Simón creyó también entonces, y bautizándose, se llegó á Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito.
				Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan:
				Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo;
				(Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.)
				Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.
				Y como vió Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
				Diciendo: Dadme también á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo.
				Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero.
				No tienes tú parte ni suerte en este negocio; porque tu corazón no es recto delante de Dios.
				Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será perdonado el pensamiento de tu corazón.
				Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
				Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de estas que habéis dicho, venga sobre mí.
				Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron á Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaron el evangelio.
				Empero el ángel de Señor habló á Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el mediodía, al camino que desciende de Jerusalem á Gaza, el cual es desierto.
				Entonces él se levantó, y fué: y he aquí un Etiope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etiopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y había venido á adorar á Jerusalem,
				Se volvía sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaías.
				Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro.
				Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el profeta Isaías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees?
				Y dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él.
				Y el lugar de la Escritura que leía, era éste: Como oveja á la muerte fué llevado; Y como cordero mudo delante del que le trasquila, Así no abrió su boca:
				En su humillación su juicio fué quitado: Mas su generación, ¿quién la contará? Porque es quitada de la tierra su vida.
				Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí, ó de otro alguno?
				Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.
				Y yendo por el camino, llegaron á cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?
				Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
				Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle.
				Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe; y no le vió más el eunuco, y se fué por su camino gozoso.
				Felipe empero se halló en Azoto: y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó á Cesarea.
		</description>
	</item>
</channel>
</rss>