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	  <title>RV - Reina Valera (1909)</title>
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		<title>Hechos capítulo 2</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Apr 2026 22:45:11 +0000</pubDate>
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				Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos;
				Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;
				Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.
				Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.
				Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.
				Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua.
				Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son "Galileos todos estos que hablan?
				¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?
				Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
				En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos,
				Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
				Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto?
				Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.
				Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.
				Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día;
				Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:
				Y será en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Y vuestros mancebos verán visiones, Y vuestros viejos soñarán sueños:
				Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
				Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo:
				El sol se volverá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;
				Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
				Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis;
				A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole;
				Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido de ella.
				Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí: Porque está á mi diestra, no seré conmovido.
				Por lo cual mi corazón se alegró, y gozóse mi lengua; Y aun mi carne descansará en esperanza;
				Que no dejarás mi alma en el infierno, Ni darás á tu Santo que vea corrupción.
				Hicísteme notorios los caminos de la vida; Me henchirás de gozo con tu presencia.
				Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta del día de hoy.
				Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono;
				Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fué dejada en el infierno, ni su carne vió corrupción.
				A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
				Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
				Porque David no subió á los cielos; empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,
				Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies.
				Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que á éste Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo.
				Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
				Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
				Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
				Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
				Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas á ellos aquel día como tres mil personas.
				Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
				Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
				Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes;
				Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester.
				Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón,
				Alabando á Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos.
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